Desprendimiento de otra melodía

De: Javier Andrade

04 01 pm

Categoría: AD-VERTENCIAS DE UN OTOÑO

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Apertura:f/4.5
Distancia focal:35 mm
Obturación:1/5 segundos

La música de la existencia

Surge la música explorando las geografías, y los contornos de un espacio. En la lejanía se desatan los acordes de una guitarra, el sonido exquisito de un saxofón, y de un tambor que galopa sobre los bordes en el primer peldaño del mar.

Vagando lejos de los cuerpos, comenzamos un viaje por los universos inexplorados, y durante la noche proyectamos fragmentos de la conciencia.

En ese instante escucho el sonido de un violín, que se desliza entre las estrellas, y busca desplegarse en las chimeneas, en los aromas del invierno, y en el pretil de unos tejados. La música, que sabe acompañarme me aguarda en ese sendero, dónde todo se torna imperceptible.

De todas maneras debo aguardar, y no impacientarme. Por tal circunstancia, me retiro a escuchar distintas músicas: de cámara, jazz, y de un tango que simula revolcarse en su propio fangal.

Entonces, declaro estar comprendido en la filosofía de un tiempo, y huyo por una ventana resquebrajada. Unas enormes mariposas revolotean por el horizonte de un disco de vinilo.

Aguardar. No impacientarme. Buscar las músicas prohibidas. Considerar los silencios de las estrellas. Contemplar el segundo peldaño del mar. Dispongo de todos los minutos. Quedo replegado contra la pared, y entonces la música deviene hacia los márgenes de un libro.

Estoy finalmente aquí, entre los minúsculos círculos de un domingo, creyendo distanciarme de la semana y sus inclemencias. Sin embargo, el contorno me devuelve a sus frías baldosas.

Próximo al tercer peldaño del mar, suena una vieja vitrola raspando los discos de vinilo. El espacio se ha colmado por milésima vez en un silencio inconfundible. Es el segundo exacto para deleitarme con una música clásica, desprovista de toda clase de urgencias que me depara el destino del almanaque.

Consideraré, si debo indagar en los quebradizos pisos del desván. Ahí, seguramente encontraré el cuarto peldaño del mar. La música continúa siendo una fiel excusa, para encender otro cigarrillo. No me quedaré dormido, ni atosigado por el estruendo del zapato, que viaja entre las calles descalzas.

Surge la música. Como siempre. Entre un concierto de violines, que transportan mis monótonos zapatos.

Comprendo, que debo caminar por la noche, la madrugada, y en esta mañana donde los árboles intentaron agasajarme con sus delicadas, e infinitas sinfonías.

Estoy situado definitivamente aquí.

Otra vez.

Abandonando la resolución de los enigmas del tiempo, y me deslizo entre mis pasos laberínticos, en ese devenir próximo a la música de la existencia.

Textura musical de Javier Andrade

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